Shiatsu y Alzheimer; compensaciones del universo

[María Uceda Muro  |  Yoga y Shiatsu en Sotogrande  |  www.yogaconmaria.es]

Mi madre pasó hambre, suele suceder después de una guerra. Pero, el universo está plagado de compensaciones, ahora a sus 86 años, una hija con manos que atienden a través del Shiatsu le proporciona una vejez cargada de sentido, desde un entorno amable y cariñoso.

Ana, mi madre, ha vivido la mayor parte de su vida en el Campo de Gibraltar, pero en realidad es del Valle del Guadalhorce, Málaga. Se traslada aquí a sus 15 años acompañada de su padre y de su hermana, a trabajar en el medio rural. En una Andalucía rural, que como muchas historias del campo donde lo que prima es una extraordinaria incultura debido a la pobreza. 

En mi niñez, viví sin poder hacer mucho el Alzheimer de mi padre, y desde hace unos 10 años el de mi madre.

Los enfermos de Alzheimer pierden algunos recuerdos, quizá los más recientes, Ana viaja hasta su infancia casi en cada tratamiento; me habla de los personajes que la ocuparon y de sus andanzas, hasta que acaba sonriendo y agradeciendo como la vida le ha ido compensando aquellas durezas. 

Nuestros tratamientos tienen lugar sentadas en una silla, de espaldas al sol y justo antes de comer. Una frente a otra, mirándonos a los ojos, puro contacto humano. Las rodillas se tocan, y una manta nos cubre las faldas a las dos, como un instrumento físico de unión. 

No planeo antes de empezar, veo cómo está ella, y tengo clara la intención, pero siempre abierta a la improvisación.

Cojo su mano, la animo a hacer una respiración profunda con una exhalación sonora ahhhhhhhh y ya no hay vuelta atrás, el viaje ha comenzado. Diría que casi medio tratamiento ya está hecho…

Siento que es primordial inspirar en ella estabilidad, seguridad y sostén y siento que ella percibe esta sensación y le permite confiar.

Mi trabajo y mi intención salen directos de mi corazón, mi intención quizá pasa ligeramente por mi mente que elige sin que apenas me dé cuenta de lo que eligió pero después, regresa al corazón y trabaja desde ahí.

Con el reconocimiento de mi humilde pequeñez, energía se encuentra con energía con determinación;  a veces ésta ha de ser suave, incluso para los puntos jitsu que suelen estar alrededor de MC2 en ambos brazos. Uso la técnica que nos enseñó Gabriella Polli para mover la fascia. Eso le sienta fenomenal.

Mi prioridad con en el tratamiento de Shiatsu, es llevar energía a su rostro, especialmente a sus ojos,  pues aquí es donde se representa más claramente los síntomas de cómo está su qí.  Sensación de sequedad e incapacidad de abrirlos completamente, la boca también seca y los labios.

Así que trabajo Estómago E1 hasta E8, E12, puntos alrededor de los ojos y las sienes, delante y detrás de la oreja, VB, TC. También IG20, 19… hasta su dedo índice. Nunca falta pulmón, todo el recorrido, especialmente P1, 2,5, P7, P9, 11.  

Ella no se queja de ningún síntoma, solo los reconoce cuando van desapareciendo, o han desaparecido del todo, entonces los puede nombrar.

DU20, V11, V12, V17, V20, V23 también son mis aliados en su tratamiento. Todo en las manos, incluidos por supuesto los 8 patógenos o demonios Baxie.

Si tuviese enfado, se disipa en el trabajo, si siente dolor también; quedando solo espacio y relajación.

Con el afán de ir ablandando, soltando las tensiones, que como una armadura se crea en su cuerpo, voy trabajando como si necesitara desmontar un andamio con cincel y martillo.

Ayudándome de la respiración a medida que trabajo, practicamos el exhalar con sonidos: aaaaaahhhhh, con cada exhalación vamos cambiando de vocal, eeeeeeehhhh, inhala y al exhalar oooohhh, largo, largo, inhala y al exhalar uuuuuuhhh. Conseguimos que suelte también tensión a través de la exhalación que cuando empezamos es casi imperceptible.

Ella no pone resistencia a ninguna propuesta, ni física ni mentalmente, el beneficio se empieza a percibir en su cara, en su rostro, en sus ojos, la mirada se agranda y parece que ahora me ve, vuelve el color a sus labios, y con él, también su sonrisa antes de que hayan pasado 15 minutos. Es entonces cuando empieza a nombrar los malestares que tenía.

Me permite trabajar su kío, hundir mi pulgar con la actitud del amante  –de acuerdo con el ejemplo que dio en una ocasión el profesor de shiatsu Francisco de la escuela Habalkagual recientemente fallecido– que descanse en paz.  “Hay que esperar pacientemente, –nos decía– a que la amada (el qí) responda en el pozo”. “No sabemos cuándo va a salir, pero hasta entonces, aquí aguardaremos con amor.”

Sus tratamientos neuro y psicofarmacológicos no hacen la menor traba en el trabajo con shiatsu, esta es mi experiencia.

María Uceda

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